Es frecuente que en las familias en las que existe un problema de alcoholismo, una de las mayores preocupaciones gire en torno a los más pequeños de la casa. Los adultos no suelen tener claro cómo el problema puede estar afectando a los niños, e incluso pueden llegar a plantearse hasta qué punto estos serán conscientes de lo que está ocurriendo.

¿Se dan cuenta los niños de que en casa hay un familiar con un problema de alcoholismo?

A veces, las personas que conviven con un problema de alcoholismo tratan de ocultar a sus hijos todo lo que está ocurriendo, haciendo todos los esfuerzos posibles para que no experimenten el mismo sufrimiento que ellos están pasando. Esta una forma de intentar proteger a los más pequeños, pero ¿es esto suficiente?

Tratar de evitar que los niños presencien episodios desagradables es sin duda un elemento de protección muy necesario para los más pequeños, pero esto no es suficiente. Según la edad, es probable que los niños no terminen de percatarse de la totalidad de la situación, habrá muchos detalles que por la inocencia de la niñez no perciban. Pero aunque no terminen de entender la complejidad de todas las situaciones, sin duda estarán percibiendo que algo en casa no va bien. En un hogar que está en crisis, los niños perciben todas las emociones negativas, sus padres están sufriendo y probablemente ellos no entiendan muy bien porqué.

¿Cómo afecta a los más pequeños el ambiente del hogar con un problema de adicción?

Para que los niños tengan un correcto desarrollo psicológico y emocional, es necesario que vivan en un ambiente de afecto, estabilidad y seguridad. En los hogares en los que existe un problema de alcoholismo, los propios padres experimentan tal sufrimiento, que muchas veces son incapaces de ofrecer y transmitir al niño la estabilidad que necesita. Si la vida de los padres no es estable y ordenada, tampoco lo será la de su hijo.

Todo esto puede llevarle a padecer problemas emocionales tales como ansiedad, estrés, miedo, depresión, ira, irritabilidad, soledad y aislamiento. Además también puede producirse cierto distanciamiento emocional de los padres, al no sentir que pueden contar con ellos como un apoyo en los momentos de sufrimiento.

¿Cómo se puede ayudar a un niño que convive en una familia con un problema de alcoholismo?

La mejor ayuda que se le puede ofrecer a un niño es la abstinencia por parte de la persona alcohólica. La recuperación del ritmo y la convivencia normal de la familia es el mejor remedio para el sufrimiento y los problemas emocionales de los más pequeños.

Muchas veces la abstinencia precisa de un proceso largo, o simplemente no se puede contar con que el familiar que padece la adicción se comprometa a ponerse en tratamiento. En estos casos, es adecuado que haya comunicación con el niño, ofrecerle la oportunidad de que pueda hablar acerca de aquello que le preocupa y aclarar sus dudas. Al igual que los adultos, los niños también encuentran beneficio ante el hecho de tener a alguien de confianza con quien poder hablar sobre aquello que les preocupa. Por ello, el adulto debe mostrarse dispuesto a aclarar sus dudas y estar emocionalmente disponible para él. Esto disminuirá la incertidumbre y el miedo del niño, le transmitirá el mensaje de que no está solo, aumentará la confianza y ayudará a superar la distancia emocional que se había producido.

En todos los casos de alcoholismo, especialmente en los que hay niños de por medio, el tratamiento será un apoyo afectivo. Aunque la persona que padece la adicción no esté dispuesta a ponerse en tratamiento, existen recursos especialmente diseñados para ayudar a los familiares a que aprendan a lidiar con los problemas y las situaciones que surgen a causa del alcohol.

 

Referencias

Navarro Guzmán, J. I. (2001). Hijos de padres alcohólicos: Su nivel de ansiedad en comparación con hijos de padres no alcohólicos. Revista latinoamericana de psicología, 33(1).

http://hijosdealcoholicos.blogspot.com.es/

Palomar, J. (1999). Relación entre el funcionamiento familiar y la calidad de vida en familias con un miembro alcohólico. salud Mental, 22(6), 13-21.