Cuando acompañamos a alguien que lucha contra el alcohol, suele surgir una pregunta: ¿Es esto un problema “solo suyo” o forma parte de algo más amplio? La realidad es que todas las adicciones comparten un núcleo común, un funcionamiento que explica por qué el consumo avanza, por qué cuesta tanto detenerlo y por qué la voluntad, por sí sola, no basta.

Pero a su vez no existen dos persona iguales por lo que si queremos conseguir nuestras metas de recuperación tendremos que tener muy en cuenta las diferencias individuales

Conocer estos puntos compartidos, por todos los que presentan este problema, no quita importancia a la historia personal de cada uno, y ayuda a mirar el alcoholismo con más comprensión y menos culpa.

El núcleo común del alcoholismo

Existen en todas las adicciones y el alcoholismo es una adicción una serie de rasgos comunes

  1. Un mismo circuito cerebral atrapado por la recompensa

El alcohol activa el cerebro del mismo modo que otras drogas: secuestra el sistema de recompensa. Poco a poco, todo lo que generaba placer —relaciones, proyectos, actividades— va perdiendo brillo, y el consumo se convierte en la vía más rápida para sentir alivio.

Ejemplo:
María solía decir que solo bebía “una copa para relajarse”. Pero con el tiempo, notó que cualquier pequeña tensión disparaba el deseo de beber. Era su cerebro, no su voluntad, quien llevaba el timón.

  1. La dependencia avanza en fases, casi siempre igual

Uso ocasional → abuso → dependencia → intentos fallidos de control → recaídas.
Es un patrón común.

Ejemplo:
Javier pasó de beber los fines de semana a necesitar un trago para “arrancar el día”. Este deslizamiento progresivo es muy frecuente, casi siempre silencioso.

Comprender estas fases ayuda a que la persona deje de juzgarse y pueda analizar su situación con más claridad.

  1. Los autoengaños y la negación son parte del cuadro adictivo

La adicción tiene su propio repertorio de pensamientos:
– “Yo controlo”.
– “Mañana paro”.
– “No es para tanto”.

Ejemplo:
Un paciente decía con firmeza que podía dejar de beber cuando quisiera. Cuando intentó hacerlo y la ansiedad se disparó, comprendió que no era cuestión de fuerza, sino del funcionamiento

  1. La vida se estrecha: menos vínculos, menos actividades, menos aire

El consumo ocupa espacio, y lo demás se va retirando: hobbies, relaciones, proyectos, rutinas saludables.

Ejemplo:
Ana dejó de ir a sus clases de pintura porque “no tenía ganas”, pero en realidad su horario de consumo ya estaba organizando su vida.

Este estrechamiento vital aparece en casi todas las adicciones.

 

El núcleo común del alcoholismo

  1. El alcohol como anestésico emocional

El alcohol suele aliviar —temporalmente— emociones difíciles: ansiedad, tristeza, vacío, soledad.

Ejemplo:
Luis bebía por las noches, cuando la casa se quedaba en silencio. No era sed: era un modo de tapar un vacío emocional que llevaba arrastrando años.

En muchas personas, el consumo es una forma de sobrevivir cuando no hay otras herramientas disponibles.

Mirar el alcoholismo desde lo común nos permite entender mejor el fenómeno, quitar peso moral y reconocer que hay mecanismos compartidos que se repiten una y otra vez.
Pero esta es solo la mitad de la historia.

Posiblemente es la que nos hace sentirnos entendidos y reflejados en los distintos grupos de tratamiento y autoayuda

En la próxima entrega hablaremos de lo singular, aquello que diferencia cada caso y que hace que el tratamiento tenga que adaptarse a la persona, no al revés.

Cada historia de alcoholismo es única, especialmente en mujeres. Aprende más sobre sus desafíos y vías de recuperación con el libro El alcoholismo en la mujer, un recurso esencial para profesionales y familiares. Si quieres conocer más sobre cómo funciona el alcoholismo y cómo acompañar a quienes lo sufren, pincha aquí  para entender mejor la enfermedad.