En la primera parte vimos que la recaída no es un hecho repentino, sino un proceso que empieza mucho antes de la primera copa.

Hoy quiero contarte una historia real —con el nombre cambiado— que ilustra muy bien cómo se va gestando ese camino hacia atrás y qué señales nos pueden avisar a tiempo

Los primeros pasos de Luisa

Luisa llegó a consulta con la decisión firme de dejar el alcohol. Llevaba años sufriendo las consecuencias de su dependencia: problemas de salud, conflictos familiares, pérdida de tiempo y energía. En sus propias palabras, sentía que había vivido encadenada.

Con la ayuda profesional, empezó a reconstruir su vida:

  • Recuperó aficiones que le apasionaban, como la natación y la guitarra.
  • Mejoró su sueño, aunque alguna noche costaba conciliarlo.
  • Experimentó algo que hacía mucho no sentía: tranquilidad y paz consigo misma.

Además, seguía las recomendaciones al pie de la letra: evitaba lugares y personas asociados al consumo y se mantenía firme incluso renunciando a eventos importantes donde sabía que habría alcohol. Esta disciplina era un pilar clave de su progreso.

Cuando la motivación empieza a flaquear

Sin embargo, con el paso de los meses, algo cambió. La motivación que había sostenido sus primeros pasos comenzó a disminuir.

Luisa empezó a faltar a alguna clase de natación y a tocar menos la guitarra. Estos pequeños descuidos parecían inofensivos, pero eran las primeras grietas en la estructura que mantenía su abstinencia.

En este punto, tomó una decisión arriesgada: asistir a la comunión de un familiar, a pesar de que sus terapeutas le habían recomendado no exponerse a ese tipo de situaciones todavía.

El exceso de confianza

Durante la celebración, Luisa no bebió. Esto la llevó a pensar que había “ganado la batalla” y que su autocontrol era suficiente. Sin embargo, internamente, vivió la jornada con incomodidad.

La presencia de alcohol alrededor le resultó perturbadora. Casi no pensó en otra cosa durante el evento, y se fue con una sensación inquietante: “La vida sin beber es muy difícil e incómoda”.

Ese pensamiento, aparentemente simple, fue el detonante de un cambio profundo. Pasó de sentir libertad y paz a percibir su abstinencia como una carga.

La maquinaria de la recaída

En los días siguientes, Luisa empezó a dudar de su capacidad para mantenerse sobria. El malestar emocional creció, y con él, el deseo de beber para aliviarlo.

No pidió ayuda ni compartió lo que estaba sintiendo.

Poco a poco, la idea de “solo una copa” empezó a ganar espacio, y finalmente volvió al consumo. Como ocurre en muchos casos, la sensación de control duró poco, y pronto regresó al patrón anterior, acompañado de la culpa y la frustración.

Lo que nos enseña la historia de Luisa

Su caso refleja un patrón muy frecuente:

  • Una fuerte motivación inicial que se debilita con el tiempo.
  • El exceso de confianza que lleva a bajar la guardia.
  • La exposición innecesaria a situaciones de riesgo.
  • El silencio sobre las emociones incómodas, que termina alimentando el deseo de beber.
  • Reconocer estos pasos intermedios es esencial para prevenir una recaída.

Si deseas profundizar en el tema del alcoholismo, te recomiendo el libro El alcoholismo en la mujer, una obra que ofrece una visión integral de esta enfermedad.

 

Cómo actuar cuando aparecen señales de riesgo

Aprendizajes del caso de Luisa:

  • No subestimar la pérdida de motivación: si empiezas a dejar de lado actividades que te mantienen estable, es momento de reforzar tu rutina.
  • Cuidar el exceso de confianza: pensar “ya controlo” es uno de los mayores riesgos.
  • Evitar la exposición innecesaria: si sabes que en un evento habrá alcohol, valora si realmente es imprescindible asistir.
  • Pedir ayuda a tiempo: hablar con un terapeuta, grupo de apoyo o persona de confianza puede frenar la caída.
  • Ser honesto contigo mismo: si la abstinencia empieza a sentirse como un peso, es una señal para revisar el plan de apoyo.

Con la historia de Luisa vemos que la prevención de la recaída no consiste solo en decir “no” al alcohol, sino en mantener un equilibrio emocional y de hábitos que sostenga esa decisión cada día.

Si te ha interesado la historia de Luisa y quieres comprender mejor cómo se gesta una recaída, te invito a leer la primera parte de esta serie: La recaída en el alcoholismo empieza antes de beber 

Allí encontrarás una explicación clara de las etapas, señales y factores que pueden ponerte en riesgo, junto con estrategias para mantener tu sobriedad día a día.